Mitos Personales y Vínculos de Amor
Los mitos son historias que nos contamos que justifican de una u otra manera la forma en que nos hemos comportado o que hemos aprendido frente a distintas situaciones en la vida. Estas historias en la adultez las tenemos conjugadas a contraluz en las formas en que nos relacionamos con aquellos que más amamos. Y su falta de conocimiento termina ensombreciendo la luz y la vida de nuestra realidad.
Los mitos cumplen una función educativa, informativa y de sentido que nos permiten vincularnos y funcionar en el mundo.
Las primeras historias que escuchamos provienen de la infancia y están llenas de amenazas veladas hacia la vida del niño, quien si no “se porta bien “se lo llevarán, comerán, matarán, etc.
Hasta un punto y aparentemente para nuestra cultura esta violencia se justifica en la busqueda de la compresión de límites que el niño debe observar con los desconocidos para que no se enfrente a peligros que podrían ocasionarle daños irreparables.
Esperando que llegue el momento donde se producirá el pasaje de la niñez a la adultez, con elementos de criterio, podemos discernir qué es lo propio y que es lo ajeno y donde podemos compartir con alguien o algo “desconocido”.
Sin embargo la vida continúa y poco a poco nos vamos olvidando de todos estos conceptos que se encuentran dormidos (pero no desvanecidos) en nuestra conciencia.
Los gatillos emocionales son los mismos que cuando eramos pequeños: enfrentar situaciones desconocidas que nos abruman, enrabian, nos dan miedo y nos dejan sin respuesta racional momentánea.
Pasaremos a volvernos reactivos en vez de proactivos, y esa reactividad encuentra su resonancia en nuestra historia de significado personal, allí donde la razón no tiene palabras, los ecos de las emociones primales se dejan escuchar cada vez con más fuerza
El trabajo personal sobre estos mitos nos permite ir dándoles luz, sacándolos de las brumas y dejando entrar en ese lugar de nuestra psique un brisa refrescante…. El monstruo del closet tiene nombre, y ese nombre que le damos permite que se rompa el encantamiento que nos ha tenido inmovilizados por nuestra reactividad sin pausa.
Este trabajo personal no termina cuando conocemos a otro, a nuestra pareja o compañero de vida. Al contrario, allí donde los cuentos de hada terminan en un “se encontraron y vivieron felices para siempre”, nuestra historia, lo que da sentido a nuestra vida actual… sólo comienza.
El paso crítico: Acordar ser pareja sin haber resuelto los fantasmas del pasado
El paso de entrar en una relación de exclusividad reactiva todo nuestro sistema de defensas infantiles. No queremos “perdernos” en territorio desconocido, y el “otro” es sin duda, un territorio totalmente desconocido para nuestra psique y nuestra vida emocional. Nos encontramos por parámetros compartidos de placer y alegría, pero también nos hemos encontrado para enfrentar y resolver los temas irresueltos de nuestras historias familiares.
Es muy fácil entrar en una danza de sombras donde terminamos actuando el peor temor del otro. De hecho la psique así lo demanda. Ya tenemos allí instaladas todas las escenas, todos los diálogos y todos los desenlaces que recogimos en nuestra infancia. Es terrible y fácil a la vez vivir culpando al otro por nuestra vivida no vivida en plenitud, después de todo es lo que aprendimos de nuestros padres y familiares.
Lo que es titánicamente difícil, es salir de esta sala de proyección interna, donde hemos transformado a nuestra pareja en el actor no solicitado de la película familiar y terrible. Nadie se salva, sin embargo, todos tenemos la oportunidad de resolver la trama y salir juntos de la mano, más activos, reales y humanos que cuando nos conocimos en aquellas épocas de “erase una vez” cuando comenzamos la relación.
Para ello se requiere coraje, paciencia y mucha valentía ya que debemos empezar por asumir la responsabilidad de nuestra propia vida y renunciar a culpar a otros de las renuncias u opciones equivocadas que tomamos.
Este proceso de responsabilizarse y formar resiliencia, la habilidad de pararse después de equivocarse, más fortalecidos y sabios justamente por haber vivido estos errores se llama "individuarse", es decir, convertirse en individuos o personas maduras emocionalmente .
Este proceso de responsabilizarse y formar resiliencia, la habilidad de pararse después de equivocarse, más fortalecidos y sabios justamente por haber vivido estos errores se llama "individuarse", es decir, convertirse en individuos o personas maduras emocionalmente .
Qué pasa cuando dos personas que no han podido individuarse y se desconocen (inclusive a si mismas), deciden vivir juntas?
Qué ocurre cuando dos mundos colisionan?
Podría ser que gran parte de la violencia de género (ambos géneros) que estamos siendo testigos en estos momentos se relacione con la presencia velada de estos mitos.
Me hace mucho sentido el que las relaciones se muevan en coordenadas donde la oportunidad para revivir y repetir la historia de los mitos familiares sean tan precisas.
Existe un mandato de la especie, cualquier especie que evolutivamente desee preservar su estancia en la vida y este es: “resuelve el conflicto”
Elaborar defensas biológicas no es necesario en el caso humano pues los mayores conflictos de nuestra especie se encuentran en el campo de los vínculos.
Aquí, entonces, el orden de la respuesta es primero comprender la forma que tenemos de vincularnos y sus raíces en lo biológico y segundo, comprender a que mitología familiar estamos pagando tributo en la cual no hemos tenido los recursos adecuados para “resolver el conflicto”, encontrándonos una y otra vez con los lobos disfrazados de “abuelitas”.
Los vínculos reales, llenos de pasión, amor y alegría se regocijan en las diferencias, en entrar en los universos diversos de otra persona que es totalmente distinta a mi y que, aunque me produzca un poco de susto, me genera una enorme curiosidad y ganas de avanzar en el camino de la vida, aprendiendo a comunicarnos juntos con respeto, cuidado y amor.Si todavía estamos atrapados en relaciones pasadas, muchos tenderemos a usar herramientas “mitológicas” tratando de manipular o impedir nuestro proceso de aprendizaje en la relación.
Sin embargo es importante que trabajemos el núcleo del conflicto abordando la aventura de nuestro crecimiento personal, atreverse a ser adulto en un mundo donde el sentido de la responsabilidad propia se ha ido perdiendo en pos de virtualidades impersonales.
Sólo así, podremos dejar atrás las historias “de terror” a las que nos acostumbramos y emprender la aventura de comunicarnos y vincularnos en un mundo aún por descubrir.
El trabajo sobre la comunicación y la inteligencia emocional, apunta a formar puentes entre personas, familias e inclusive empresas.
Comprendiendo y teniendo herramientas prácticas que enriquecerán nuestra vida, y que nos entregarán guías para mejorar la calidad de nuestras relaciones, recuperando la motivación para vivirlas en plenitud.
Próxima entrada: Rompiendo Encantamientos, cómo salir de tus propios cuentos.







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